Elton John dice tener 250.000 gafas de sol. Es probable que ni él las haya contado todas

Elton John dice tener 250.000 gafas de sol. Es probable que ni él las haya contado todas

Elton John dice tener 250.000 gafas de sol. Es probable que ni él las haya contado todas

Hay un tío en cada verbena de este país (normalmente el que ya lleva tres cervezas y ningún tipo de vergüenza) que decide que una camisa de flores, un anillo por dedo y unas gafas con la montura del tamaño de un salvavidas son un conjunto perfectamente razonable para bailar sevillanas en el patio de su cuñada. Nadie se lo discute, porque en el Mediterráneo el exceso no se disculpa: se celebra, se fotografía y se comenta con cariño durante los diez años siguientes. Ese instinto (el de creer que si una cosa merece la pena, merece la pena hacerla en una talla insultantemente más grande de lo necesario) tiene, como casi todo lo bueno y lo ridículo de este mundo, a un patrón santo. Se llama Elton John, y llevó ese impulso tan lejos que dejó de ser una anécdota de familia para convertirse en una de las colecciones de objetos más desquiciadas que ha reunido un ser humano vivo.

Un homenaje que se le fue de las manos

Lo curioso, y esto sorprende incluso a quien cree conocer bien la leyenda, es que Elton John no empezó a llevar gafas porque las necesitara. A los trece años, un adolescente inglés llamado Reginald Dwight, el nombre real detrás del personaje, decidió ponerse una montura de pasta gruesa como homenaje a Buddy Holly, el ídolo del rock que acababa de morir en un accidente de avión con veintidós años. No había receta médica de por medio: era puro fervor de fan, la misma lógica por la que alguien se tatúa la letra de una canción. Con el tiempo, y esto es lo que convierte la anécdota en algo más que una curiosidad, a Reginald empezaron a fallarle de verdad los ojos. El disfraz se volvió necesidad. Y entonces, en lugar de conformarse con un objeto correctivo discreto, hizo lo que solo alguien camino de convertirse en Elton John haría: decidió que si tenía que llevarlas de por vida, más le valía que fueran memorables.

Doscientas cincuenta mil pares, según cuenta él

A partir de ahí la cifra empieza a inflarse con la generosidad propia de las leyendas vivas. En 2002 Elton hablaba de poseer un par de miles de monturas. Años después, en una entrevista de radio, la cifra ya rondaba las veinte mil. Hoy, en la versión que circula como verdad asumida por todo el mundo, la colección asciende a doscientas cincuenta mil pares, una cantidad tan desproporcionada que resulta casi imposible de verificar, y que probablemente ni el propio Elton se ha molestado en contar par por par. Da igual si la cifra exacta es generosa: lo relevante es que un hombre lleva sesenta años comprando gafas con la misma actitud con la que otros coleccionan sellos, solo que sin ningún interés en clasificarlas por orden ni guardarlas en un álbum. Las lleva puestas. Ese es el archivo.

Las que deletreaban su propio nombre

Entre las piezas documentadas hay una que resume mejor que ninguna el personaje: una montura de escenario con cincuenta y siete bombillas diminutas alimentadas por batería que, encendidas, deletreaban literalmente "ELTON" sobre su cara. No es una leyenda sin pruebas: el Hard Rock Cafe pagó cerca de diecisiete mil dólares por un par en una subasta, y otro modelo similar, subastado a beneficio de su fundación, superó los dieciséis mil. Plumas, pedrería, cristales con forma de corazón, monturas que parecían sacadas de un decorado de ciencia ficción de bajo presupuesto: cada gafa era menos una ayuda visual que un anuncio a tamaño real de que en ese escenario no había sitio para la discreción.

El objeto que no esconde nada, lo grita todo

Y aquí está la vuelta de tuerca que hace interesante la historia, sobre todo comparada con tantos otros iconos del gremio: la mayoría de las gafas de sol célebres de la historia sirvieron para esconder algo, una mirada, una identidad, una resaca imperial. Las de Elton John hacen justo lo contrario. No ocultan nada; anuncian todo. No dan un paso atrás del personaje, son el personaje. En un mundo del espectáculo obsesionado con el "menos es más", Elton decidió, sesenta años seguidos, que menos era sencillamente menos, y que si uno va a ponerse algo delante de los ojos, mejor que ese algo cuente una historia que se vea desde la última fila del estadio.

En RAVAL no vamos a fingir que compartimos la escala del gesto, doscientas cincuenta mil pares no caben ni en nuestro almacén más optimista,  pero sí la idea de fondo: unas gafas nunca son solo un objeto óptico. Son la declaración que haces antes de abrir la boca.


RAVAL diseña gafas en Barcelona, convencidos de que a veces la mesura también se lleva con una montura de por medio.

→ Explora la colección

Regresar al blog

Deja un comentario